
Dentro de la serie OKINAWA, este es el especialista en pescado: una hoja fina de 18 cm, con punta cónica y cuerpo que flexa lo justo, pensada para colarse bajo la piel y pegarse a la espina levantando el filete de una pasada. Esa flexibilidad, que al principio sorprende por lo blanda que parece la hoja, es exactamente lo que se busca en un deshuesador, porque le permite seguir el relieve del pescado sin desgarrar la carne. Sirve igual para carne cuando toca sacar cortes muy finos, e incluso para laminar verdura en rodajas casi transparentes. El equilibrio en la mano da mucho control, algo clave cuando el trabajo es de precisión.
La hoja pertenece a la gama laminada de OKINAWA: cinco capas de acero prensadas sobre un núcleo japonés 10Cr15MoV (el llamado G5) endurecido a 62 HRC. Esa dureza tiene una lectura doble: mantiene el filo durante muchísimo tiempo, pero a cambio, cuando toque reafilarlo, pedirá algo más de maña y paciencia. El acabado es mate, esmerilado para resistir humedad y corrosión, y el mango de pakka de alta densidad ni se hincha ni se agrieta, un punto importante en un cuchillo que trabaja siempre con las manos y la tabla mojadas. Nada de lavavajillas ni remojos largos: un enjuague y un secado rápido tras cada uso, y la hoja se mantiene fina y cortante mucho tiempo. Y ojo, que precisamente por ser flexible y afiladísima, conviene manejarla con respeto.
Los modelos de SANMEIHO que tenemos analizados, ordenados por gamas para comparar uno a uno, están en nuestras opiniones y catálogo de cuchillos SANMEIHO.
Para ver cómo se sitúa SANMEIHO frente a las demás, lo desglosamos en qué marca de cuchillos japoneses baratos elegir.
Cómo evaluamos los cuchillos baratos →
Mejor no. El lavavajillas reseca y agrieta el mango, y los golpes con otras piezas mellan el filo. Estos cuchillos duran mucho más si los lavas a mano con agua tibia y los secas enseguida, sobre todo si son de acero al carbono, que se oxida si se queda húmedo.
Depende del uso, no del calendario. En una cocina doméstica que corta a diario, un repaso con piedra cada dos o tres meses mantiene el filo en su sitio. La señal no es el tiempo: es cuando el cuchillo empieza a resbalar sobre la piel del tomate en vez de entrar solo.



