
El Matsato Afilador Manual es la pieza que la marca propone para mantener el filo entre afilado y afilado, y llega resuelto como un bloque macizo de haya carbonizada con dos ranuras abiertas en la parte alta. La primera lleva las varillas cerámicas en V para los cuchillos; la segunda está cortada en ángulo para las tijeras, que es la pieza que casi nadie afila porque no hay por dónde cogerla. Se apoya en la encimera y se queda quieto: la base es magnética y antideslizante, así que trabajas con una mano en el mango del cuchillo y la otra libre.
Encaja en una cocina donde se cocina a diario y se nota cuando el tomate deja de cortarse limpio. El gesto es sencillo: se pasa la hoja del talón a la punta con presión moderada, ocho o diez veces, siempre en la misma dirección y nunca en vaivén. Son 18 cm de largo por 4 de fondo y 5 de alto, con 300 gramos que dan estabilidad sin ocupar cajón, y no necesita agua ni aceite, así que se coge y se usa sin preparar nada. El haya va tratada al calor, que es lo que le da ese tono tostado y lo que le permite convivir con las salpicaduras de una encimera.
Los modelos de Matsato que tenemos analizados, ordenados por gamas para comparar uno a uno, están en nuestras opiniones y catálogo de cuchillos Matsato.
Para ver cómo se sitúa Matsato frente a las demás, lo desglosamos en qué marca de cuchillos japoneses baratos elegir.
Las varillas son de cerámica de grano fino, que es el material de repaso por excelencia: reordena el filo y le devuelve mordiente sin arrancar apenas material. Eso marca hasta dónde llega esta pieza, y conviene tenerlo claro al elegir: mantiene un filo que se ha ido apagando con el uso, mientras que una hoja muy desgastada o con un pequeño mellado se recupera en piedra de agua, que rebaja acero y reconstruye el bisel. Las dos herramientas se complementan en la misma cocina. Un paño seco después de cada uso y guardado en un sitio ventilado mantienen la madera como el primer día.
Mejor no. El lavavajillas reseca y agrieta el mango, y los golpes con otras piezas mellan el filo. Estos cuchillos duran mucho más si los lavas a mano con agua tibia y los secas enseguida, sobre todo si son de acero al carbono, que se oxida si se queda húmedo.
Lo que estropea el filo es el roce con otros metales. Un taco, una barra magnética o la propia funda del cuchillo evitan que las hojas se toquen entre sí. Sueltos en el cajón, se mellan unos con otros y encima es la forma más fácil de cortarse buscando algo.



